IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE (MADRID)

Proyectos de edificación

Iglesia De Nuestra Señora De Guadalupe (Madrid)

FICHA TÉCNICA

Tipo de trabajo

Proyecto constructivo; colaboración con Félix Candela

Fecha de proyecto

1962-1965

Fecha de inauguración

1965

Característica principal

Iglesia emblemática en Madrid de cubierta laminar de hormigón

Superficie de actuación

3000 m2

Descripción del proyecto

La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe se encuentra en la calle de Puerto Rico, en el Distrito de Chamartín de Madrid. Aunque la primera piedra se pone en 1961, no es hasta 1965 cuando se termina la construcción del templo.

La construcción es dirigida por los arquitectos Félix Candela y Enrique de la Mora, con la colaboración de José Ramón Aspiazu y del ingeniero José Antonio Torroja Cavanillas.

De planta octogonal, ocupa una circunferencia de 55 metros de diámetro. Su cubierta está compuesta de una estructura laminar compuesta por ocho paraboloides hiperbólicos y cuyo espesor no llega a superar los 4 cm. El cerramiento lateral, una lámina plegada de 2 cm combinada con vidrieras, soporta junto con cuatro pilares centrales huecos el peso de la cubierta.

Los vecinos la apodan el sombrero mejicano aunque en realidad la intención es evocar la tienda de Abraham, donde deben caber todos.

Candela fue discípulo de Eduardo Torroja y heredó del maestro su preocupación por la belleza. Lo dejó claro en un simposio de ingeniería: «Nadie habla de la belleza, tal vez porque no pueda ser medida y los ingenieros tienen una deformación profesional para lidiar sólo con los hechos… Sin embargo, deberíamos recordar que gran parte del éxito de estas estructuras se debe a que generalmente son muy bellas y por tanto claman un anhelo subconsciente del género humano». Resulta fácil comprobarlo en Nuestra Señora de Guadalupe. El templo es un teatro redondo y diáfano (apoyado sólo en cuatro finos pilares). Las cristaleras con reminiscencias aztecas iluminan el hormigón, donde todavía quedan las marcas del encofrado. El espacio enorme, resulta moderno y místico al mismo tiempo. Los paraboloides no llegan a juntarse nunca en la punta del sombrero, unidas sólo con una fina vidriera de colores. Y el visitante, a riesgo de ser sacrílego, no puede dejar de preguntarse, ¿cómo demonios se sostienen?

El País, 5 de abril de 2010.